2

Los niños y los pescados

Otorgar protagonismo al pescado en la dieta infantil diaria

Pescado sin espinas

Las espinas del pescado pueden suponer un peligro para los más pequeños y existe miedo a que se las traguen o se atraganten con ellas. La solución a este inconveniente es sencilla: ofrecer el pescado en filetes o lomos sin espinas, en lugar de rodajas, hasta que sean más conscientes de lo que están comiendo. La oferta de estas presentaciones sin espina es muy grande, sobre todo en pescado congelado (merluza, halibut, lenguado, emperador, colas de rape...), aunque también se puede pedir que éstos mismos y otros más (perca, mero, rape, atún, bonito, chicharro...) los limpien en la pescadería.

Variar la elaboración

A los niños y niñas les resulta monótono y aburrido comer pescado porque se prepara o se condimenta siempre de la misma manera (frito, rebozado o empanado). La alternativa para que ésta no sea la razón de su rechazo es sencilla: cambiar la preparación, la condimentación y la guarnición que acompaña al pescado; cocinarlo de forma que les resulte apetecible. Empanadillas, croquetas, buñuelos, albóndigas, pizzas, flanes de pescado, lasaña o canelones, en tortilla, con salsas diversas, con patatas, acompañado de verduras, frito, a la plancha, al horno, a la parrilla, relleno... Con una pizca de ingenio, un pescado se puede convertir en un plato muy apetitoso.

Disimular el sabor del pescado

Es un tópico afirmar que a muchos niños y niñas no les gusta el pescado, cuando puede ser todo lo contrario. Bien es cierto que hay quienes lo rechazan porque lo encuentran muy insípido comparado con otros alimentos, mientras que a otros niños y niñas el sabor y el olor de algunos pescados, sobre todo los azules, les resulta muy fuerte.

Para evitar caer en la monotonía de ofrecer siempre los mismos pescados, hay trucos que pueden solucionar este inconveniente. Macerar los pescados con limón, aceite y hierbas aromáticas, acompañarlos de salsas diversas y de guarniciones de verduras y hortalizas, patatas o arroz, son maneras prácticas y sencillas de cambiar el sabor del plato.

Si se cocina hervido o a la plancha, el sabor y olor a pescado está más marcado, por lo que se puede atenuar o disimular su sabor sin ocultarlo del todo, de manera que el niño o la niña vaya identificando y conociendo los sabores de los alimentos que come. Con el acompañamiento de distintas salsas (bechamel, mayonesa, salsa rosa, salsa verde...) y las diferentes formas de preparación (horno, papillote, escabeche, rebozado, empanado...) se suaviza su sabor.

Platos de pescado que "llenen"

El tipo de proteína característica de los pescados, distinta a la de las carnes, hace que los primeros sean, en general, más fáciles de digerir. Eso es lo que provoca que los niños y niñas con más apetito noten el estómago "vacío" a las pocas horas de comer pescado. Aunque esta sensación depende del contenido en grasa del pescado (los azules tienen más grasa y su digestión es más lenta), de la forma de cocinado y de cuál sea su acompañamiento.

Un pescado al horno o guisado y acompañado de patatas, guisantes o arroz, como puede ser un chicharro o jurel al horno con cebolla y patatas panadera, "llena" tanto o más que un filete con patatas.

Aprovechar la oferta ilimitada de pescados

Es frecuente que en la familia o en el colegio se tenga la costumbre de comer sólo 2 ó 3 especies de pescado (merluza, lenguado y sardinas, por ejemplo), y además se cocinan de la misma forma e incluso los mismos días de la semana, lo que puede resultar muy monótono y aburrido para los niños y niñas.

La clave para evitar este problema es ofrecerles desde muy pronto una dieta variada, y de esta manera se está educando su gusto y es más fácil que acepten un mayor número de alimentos. Respecto al pescado y al marisco, la oferta de estos alimentos es muy extensa, como lo es su forma de presentación (fresco, congelado, enlatado, precocinado) y de preparación. La cuestión es probar con distintas especies, encontrar las que más gusten y aprovechar las ofertas de pescado de cada temporada.

¿Pescado fresco, congelado o en conserva?

Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos, los alimentos congelados son muy nutritivos porque la congelación no altera sus cualidades. Además, el pescado congelado se conserva en perfecto estado durante más tiempo que el fresco, que se estropea rápidamente. Por tanto, si no se va a consumir el pescado de inmediato, es preferible comprarlo congelado o congelarlo si se adquiere fresco. Además, por lo general el pescado congelado es más barato que el fresco y no tiene desperdicio, está limpio de espinas y sin piel, una ventaja para ofrecérselo a los niños y a las niñas. La oferta es muy variada; merluza, emperador, rape, bacalao, halibut, lenguado, congrio... al igual que la presentación (filetes, ruedas, lomos, troncos, colas, varitas).

Las conservas de pescado son otra opción para hacer más variada la dieta de los más pequeños y se pueden añadir a ensaladas, pizzas, empanadas. También sirven para elaborar ricos bocadillos (de atún, de anchoas o de sardinas), o como ingrediente de platos de arroz o pasta (macarrones, canelones o lasaña). Mantienen muchos nutrientes del pescado fresco como las proteínas de alto valor biológico y las grasas. Hay que tener en cuenta el tipo de conserva; si es "en aceite", "en escabeche" o "al natural", lo que afecta a su valor energético, a la cantidad y calidad de la grasa y también a su sabor.